Pensando en la crisis y sus efectos en la sociedad actual

18 abril, 2018 - 25 minutes read

Pensando en la crisis y sus efectos en la sociedad actual.

Silvia  Viviana Pugliese

 

Hoy vivimos una crisis a escala mundial, con consecuencias singulares en cada comunidad, pero para una comprensión integral de una situación determinada, Bleger (3) señala que es necesario mantener una visión abarcativa de todos los ámbitos que la atraviesan. El autor destaca que hay que hacer un “corte hipotético y transversal de la situación” y es lo que intentaremos hacer en este recorrido.

Etimológicamente “crisis” viene del griego “krisis” (5); palabra compuesta por el verbo “krinein” que significa separar, decidir, discernir y el sufijo griego “-sis” que forma sustantivos que denotan acción, proceso, estado. En general, la crisis es una coyuntura, un punto crucial y decisivo. A veces, es una oportunidad para cambiar de rumbo.

Podemos acordar que una crisis, en cada sujeto implica un largo proceso, un factor generador de tensión que provoca un estado de desorganización psíquica porque no está preparado para afrontarlo. El grado de la crisis guarda relación directa con su amplitud e intensidad y los condicionantes previos, los que facilitarán una salida saludable o sucumbirán en la patología.

Comenzaremos ubicándonos en la situación actual desde el contexto más general para una visión abarcativa de todos los ámbitos que la atraviesan y las transformaciones que operan entre sí. Asimismo, para evaluar los efectos de una crisis socio- política y económica necesitamos analizar el entrecruzamiento de lo intrasubjetivo, lo intersubjetivo y lo transubjetivo en un contexto determinado.

Schenquerman (14) al referirse a los efectos traumáticos de las crisis sociales, los considera como producto de la relación entre el impacto recibido, las representaciones previas y la capacidad reguladora del psiquismo. En consecuencia, señala que es posible reconocer tres tiempos: 1º desorganización psíquica ( desconcierto, desestructuración masiva); 2º angustia señal ( temor por el infortunio, diversas formas de apatía, abulia) y 3º aparición de signos de depresión ( apatía, fuga alcohólica, droga, violencia ).

Una crisis, como toda situación traumática, tiene un efecto perturbador en la economía psíquica, dada la incapacidad del sujeto de responder adecuadamente. Sus efectos patógenos dependerán de los mecanismos que en otros momentos fueron eficaces ante la incertidumbre, la vulnerabilidad, impotencia, desamparo y desprotección , también necesitamos contemplar las condiciones sociales, las características de los grupos, los aspectos culturales y los valores de la combinación de los factores señalados dependerá de la llamada “resiliencia comunitaria”, esto es, que una crisis pueda ser un desafío y acceder así a una etapa superadora a la manera de una espiral; o sucumbir por representar un peligro.

 

El mundo globalizado

 

 Los acontecimientos acaecidos en el mundo en este siglo, llevaron a que viviéramos una crisis que impactó en mayor o menor medida en todo el orbe. Esta situación compleja está íntimamente vinculada a : a) la devaluación de los ideales y valores que fueron el marco de la convivencia social, dando lugar a redes sociales debilitadas; b) la incertidumbre acerca del futuro a partir de un entorno incierto y cambiante; c) la transformación tecnológica; d) la transformación de los modelos de negocios y e) un cambio abrupto de los patrones de consumo y servicios.

La crisis económica mundial de la última década surge en el contexto de un mundo globalizado, lo que permite comprender el impacto de su incidencia.  La globalización es un proceso que ha convertido al mundo en un lugar cada vez más interconectado, generando transformaciones sociales económicas y políticas. Este fenómeno originado en el mundo occidental, se ha expandido alrededor del mundo en las ultimas décadas y se caracteriza por la internacionalización del  comercio y capitales y los cambios tecnológicos que rompieron las barreras posibilitando la movilidad del capital y que apuntan a la homogeneización de los valores y al consumismo. Y que ha permitido la emergencia de influencias políticas impulsadas por instancias de decisión distinta de todo escrutinio democrático provocando la erosión de los estados nacionales como contenedores de la política económica; y el progreso del capital especulativo que permitió el crecimiento de una red entre las comunidades bancarias y bolsísticas, lejos de toda orientación productivista.

Junto con las transformaciones antes mencionadas se incluye la desaparición de algunas actividades y el surgimiento de otras para las que aun no se tiene formación. Al mismo tiempo ha ido creciendo la transitoriedad ocupacional, así como la variación de los destinos, dando lugar a un estilo de vida donde el sí mismo es una ilusión evocada situacionalmente; pero adaptada y fragmentada emocionalmente plana y sin profundidad. Quedan  atrás la estabilidad y el modo tradicional de organización familiar y sostén comunitario; así como los proyectos a largo plazo.

Estos tiempos a los que Bauman (2) denominó ” modernidad líquida” en tanto implica incertidumbre continúa, donde las instituciones pasan de un poder por imposición a un poder por tentación y seducción, que deriva en la volatilidad de la política, disolución de la confianza en las instituciones políticas y aumento de la desigualdad a escala global.

Identidades sin anclaje cultural

 

 Estos cambios en la geografía socio-política mundial, tal como lo señalé en un trabajo anterior (13), afectan directamente a la identidad a partir de decretar extinguidas las heterogeneidades sociales, postular la homogeneización de los valores y minar los cercos nacionales y culturales.

Vale recordar que la identidad hace referencia a la experiencia de continuidad y mismidad del Yo, a través de las transformaciones del tiempo y las circunstancias. En Introducción al Narcisismo, Freud señala : “El individuo lleva realmente una existencia doble, en cuanto es fin para sí mismo y eslabón dentro de una cadena de la cual es tributario contra su voluntad o, al menos, sin que medie ésta”  (7). Así describió su doble inscripción: ser uno en su singularidad  y ser sujeto de una cadena genealógica, que le dejará el sello de origen  al investir lo con las valencias narcisistas parentales, punto de partida de su identidad. Así  la trama  familiar se constituye en transmisora de la vida psíquica, creando espacios psíquicos singulares e irrepetibles y, al mismo tiempo, articula los espacios singular, familiar y cultural, quedando ligado de este modo, con su cultura (edificada sobre reglas que regulan el intercambio), su etnia  y su historia.

En el origen de la formación de las instancias ideales de la personalidad : Ideal del yo- yo ideal y función superyoica,  ya desde Freud se señalaron como eje que engarza generaciones pasadas, presentes y futuras, cuando dice : “Así, el superyó del niño no se edifica en verdad conforme al modelo de sus progenitores, sino según el superyó de ellos; se llena con el mismo contenido, deviene portador de la tradición de todas las valoraciones durables que se han reproducido por este camino a lo largo de las generaciones ” (6).

El complejo proceso de moldeamiento subjetivo tiene su lugar en la intersección de las diferentes dimensiones  por las que transcurre la vida social. A cada momento histórico le corresponde una manera de pensar y sentir que le son propias, puesto que nutre el sentido común. Permite representarse todas las creencias y la imagen de un mundo consensuado, al que llamamos realidad y que se diferencia de la realidad psíquica, aunque guarda conexión con aquélla.

Cada época es propiciatoria de determinadas configuraciones subjetivas, aunque excluyente de la homogeneización. Surge así el campo de lo ideológico, que cohesiona y sostiene el entramado social. Lo diferente pero afín, es el eje central.

La pérdida de la afinidad o de la diferencia implica un riesgo nivelador. Numerosos autores han alertado acerca de los riesgos de la disolución de las diferencias culturales o étnicas, en pos de una homogeneización. Dice García Canclini (8) “hoy la identidad, aún en amplios sectores populares, es políglota, multiétnica, migrante, hecha con elementos cruzados de varias culturas”. Plantea cómo este camino conduce a la hibridación, al buscar homogeneizar las culturas locales y regionales.

Es aquí donde nos planteamos cómo se plasman estos fenómenos que acarrea la globalización  en los procesos anímicos de un sujeto de una comunidad determinada.

Cuando a ese sujeto se le  van cayendo los cercos que delimitan su familia, su comunidad,  su nación, vale decir, los grupos a los que su pertenencia está inscripta en su estructura psíquica y cuyos ideales ha hecho propios; y que, las ideologías encarnadas en este momento y lugar, son suplantadas por otras , cuyo rasgo distintivo es la ubicuidad; ese sujeto no puede menos que acusar el golpe al núcleo de su subjetividad, a los cimientos de la estructura psíquica. Su identidad queda debilitada si pierde su anclaje cultural junto con los puntos de referencia interior. Lo desarticula de su historia, “queda en el aire”.

Pichon Riviere (12) sostenía: “las instituciones sociales obran como defensa contra las ansiedades psicóticas”; por tanto “el debilitamiento de esa estructura acarrea un fenómeno de aumento de ansiedad, aumento de inseguridad, aumento de conflicto y hostilidad, creándose un círculo vicioso”.

Podríamos decir que hoy asistimos a un “desmantelamiento de los modelos identificatorios”. A este fenómeno de vaciamiento lo denomino “desarraigo psíquico”  y se caracterizaría por: estados de apatía, falta de proyectos, discursos vaciados de contenido, búsqueda  incesante de mayores beneficios lucrativos y acumulación del poder, la ausencia de un respaldo ético que regule sus acciones e interacciones y adopción de “modelos” que no encuentran anclaje en su mundo interno. La sobreadaptación, trastornos psicosomáticos, trastornos del pensamiento, vínculos interpersonales teñidos de violencia, trastornos de la identidad, las adicciones y las perversiones  son algunas de las patologías derivadas de este “desalojo” de la propia subjetividad.

 

Impacto de la crisis económica y resiliencia

 

Sabemos que las posibilidades de salida saludable dependerá del grado de autoestima colectiva, de la identidad cultural, del ejercicio de una democracia efectiva y del grado de inclusión en la sociedad. Si bien todos estos factores quedan afectados, en alguna medida, por la globalización; también es verdad que ante situaciones de crisis, mientras unas sociedades inician la inmediata reconstrucción, otras quedan aletargadas y otras buscan soluciones en la criminalidad o en fundamentalismos político-religioso en base a un pensamiento filosófico dicotómico, en vistas a proteger las identidades nacionales, religiosas y culturales..

Con el proceso de globalización en marcha, en la última década, surge la crisis económica mundial , caracterizada por: su fuerte impacto en especial,  en la clase media, el descenso de la tasa de empleo y crecimiento de la tasa de desempleo, fuerte reducción del ingreso familiar y en consecuencia, de los servicios, competencia laboral descarnada, ausencia de representación del futuro, aumento de hechos de violencia y creciente participación en las protestas sociales.Esto en un marco de cierta impunidad que favorece la multiplicación de hechos de corrupción y abuso de poder. Todo ello conlleva a la resignación de aspectos sustanciales como efecto de circunstancias sobre agregadas, por lo que S. Bleichmar (4) denominó el “malestar sobrante” El impacto no tardó en hacerse sentir experimentando sentimientos de desprotección, desamparo, impotencia, vulnerabilidad, baja autoestima, parálisis, pérdida de motivación y de visión de futuro. En este contexto, emergió la desilusión por las políticas vigentes. Esto junto al desarraigo psíquico  antes señalado,  facilitó el surgimiento de movimientos populistas, tanto de izquierda como de derecha, con discursos xenófobos y desde un posicionamiento excluyente, reivindicando el rol de Estado, en base a prometer justicia por ciertas necesidades insatisfechas;  para ganar la simpatía de un sector de la población, mientras demoniza a otro sector,  y preserva demagógicamente su poder y su hegemonía. Estamos asistiendo a  “nuevo desorden global” como lo denominó Habermas (10).

La capacidad resiliente de una comunidad, y ya desde el espacio transubjetivo, guardará relación con “los efectos no manifiestos de la historia…. que enmarcarán, envolverán, subrayarán y determinarán inconscientemente nuestros comportamientos”, como describió Bauleo (1). Por ello el análisis no sería completo si no incluyéramos también los aspectos no manifiestos de la historia, la “cripta” como la llamaba Bauleo. En este caso me permito hacer un breve recorrido por la historia de mi país, pues es la realidad de la que puedo dar mejor cuenta. Y tal vez, pueda servir de guía para bucear en la cripta de otras comunidades.

La sociedad argentina, presenta rasgos distintivos que se podrían sintetizar en: la “viveza criolla”, en la que “todo es igual, nada es mejor”,  la que espera que un  “salvador” ponga las cosas en su lugar y su humor generalmente está basado en la humillación del otro desde una posición de superioridad. Es la sociedad a la que M. Grimberg (9) describe así: “tanto en lo cotidiano como en la política en general, somos censores, negadores, diluidores de todo para lo cual no tengamos previsto un casillero en nuestro aparataje mental de prejuicios”. Cualidades que permitirían entender el por qué de la falta de un proyecto compartido y la dificultad de sumarse ante propuestas que provengan de otros, por serias y coherentes que sean.

M. Grimberg se remonta a la época de la colonia para encontrar algunas razones que den cuenta de las características antes señaladas: Epoca en que el habitante de estas tierras, el Indio, fue retrocediendo ante el avance demoledor de los colonizadores, quienes llegaban en busca de una riqueza inexistente y que se apropiaron (robaron) de sus tierras y de sus mujeres, de cuya relación nace el Gaucho Argentino, el que sin grupo de pertenencia, marginado, deambula por los campos; y que en los suburbios de las ciudades reaparece como un rebelde, llamado el Guapo, no por trabajador, sino por pícaro. En este crisol aparece también el Negro ( esclavos), aunque en menor proporción, y casi extinguidos pues los que enviaban al frente en las guerras  por la independencia, eran tiempos de luchas cuerpo a cuerpo. Finalmente se incorpora el Inmigrante, quien debió soportar el desarraigo escapando de la miseria de sus tierras.  

¿De qué ideales colectivos es posible hablar de una sociedad compuesta por cinco grupos diferentes, pero que tienen en común la frustración por sus propias desventuras?

Sólo desde estos orígenes es posible entender la indolencia, la mediocridad y el resentimiento, características distintivas presentes entre sus miembros, hasta hoy.

 

  •  – La actitud indolente de quien espera el “mesías”, que ponga orden y resuelva sus necesidades; en lugar de ocupar un rol protagónico que le permita incorporarse a los circuitos sociales de la productividad, además de la función dinámica que reporta el trabajo en la economía psíquica.

 

  • – La actitud mediocre de quien ha perdido los intereses, ideales y que tan bien caracterizara José Ingenieros en “El hombre mediocre” (1913): “en la pompa grandílocua de las exterioridades busca un disfraz para su íntima oquedad”. Desde su autoestima “inflada”( self inflation) cuida celosamente para que nada cambie; pero tampoco puede nutrirse de los logros alcanzados con esfuerzo, ni sumarse o generar proyectos que desde el futuro marcan un norte.

 

  • – El resentimiento de aquel que lo invade el odio y el rencor por lo que “no pudo ser/tener”; por lo que “alguien le hizo”, se constituye en un obstáculo infranqueable para establecer relaciones significativas, para reconocer y tolerar el éxito y/o el poder del otro.

 

Ahora bien, como lo señalé más arriba, la capacidad resiliente de una sociedad está fundada en la autoestima, identidad, ejercicio pleno de la democracia e inclusividad. Una sociedad que por efecto de la globalización y de la crisis económica presenta: baja autoestima colectiva  (Self inflation), débil identidad cultural, desarticulación de la estructura normativa, lazos sociales debilitados y escasa participación en la toma de decisiones, en un sistema político donde prima el interés privado sobre el interés común; todos ellos son factores negativos y por tanto, patologizantes; más aún si las características de sus orígenes y su historia, se alinean en el mismo sentido.

Una activa participación en las manifestaciones sociales, la construcción de  alternativas solidarias para sostener la economía y el aporte creativo a través de expresiones culturales y artísticas, en especial el humor, en tanto producciones que llevan implícitas elementos que pueden operar sobre la realidad (como las viñetas de Quino y Sendra, humoristas gráficos argentinos); nos permitirían pronosticar que es posible encontrar una salida hacia la reorganización y transformar esta crisis en una oportunidad para el fortalecimiento de la sociedad, donde prevalezca el mutuo reconocimiento y deseo compartido de un proyecto común a largo plazo.

Viñetas que contienen enseñanzas aplicables a cualquier país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pensando en la crisis y en sus efectos en la sociedad.

BIBLIOGRAFIA

  1. BAULEO, A. (1997), Psicoanálisis y grupalidad, Buenos Aires, Paidós
  2. BAUMAN, Z (2015), Entrevista publicada por Perfil. Recuperada de http://www.perfil.com/internacional/zygmunt-bauman-ser-populista-no-es-siempre-malo.phtml
  3. BLEGER, J. (1983) , Psicología de la conducta, Buenos Aires, Paidós
  4. BLEICHMAR, S (2005), La subjetividad en riesgo, Buenos Aires, Topía Editorial
  5. Diccionario etimológico Recuperado de:  dechile.net/
  6. FREUD, S., (1991), Nuevas conferencias de introducción al Psicoanálisis, Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  7. FREUD, S. (1914), Introducción al Narcisismo,cit
  8. GARCIA CANCLINI , N. (1995), Consumidores y Ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización, México, Grijalbo.
  9. GRIMBERG, Miguel ( 1991), Ecología de la crisis, Revista Topía, Año 1, Nº 1
  10. HABERMAS, J. (2016), Entrevista traducida por la Revista Sin permiso . recuperado de blogspot.com/2016/11/entrevista-jurgen-habermas-sobre-la.html
  11. HORSTEIN, Luis ( 2001), Narcisismo: complejidad y devenir, Conferencia dada en el V Congreso Nacional de Psicodiagnóstico.
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