JORGE ALEMÁN

Cuando conocí a Bauleo él era una encrucijada. La época lo atravesaba entera y nadie como él, para encarnarla en todos sus aspectos.

Armando Bauleo era la ruptura marxista con la Internacional Psicoanalítica , era el inventor del Grupo Plataforma, era la vanguardia política del psicoanálisis en relación a la psicología social de Pichón Riviere, era el marxismo y sus prácticas, era Sartre y el compromiso existencial en la situación política.

La escena en la que tuve el honor de encontrarlo testimonia de todo esto. Bauleo trabajaba en un hospital de la zona norte de Buenos Aires y yo, con 19 años militaba en una de las villas cercanas. No puedo recordar qué fue lo que nos convocó, pero así era esa época, una pasión invisible empujaba hacia reuniones insólitas. En este caso, se trataba de hacer un censo sanitario y de contar para ello con todos los líderes de la villa y luego, a partir de ellos, de constituir grupos en la villa misma para establecer un nuevo tipo de alianza entre el hospital, el barrio, la villa, las agrupaciones políticas. Armando era el director de orquesta de esa trama que, en su apuesta, iba a generar un nuevo tipo de vínculo social.

Este escenario sin duda muestra los vasos comunicantes extraordinarios desde la perspectiva actual, la insólita conexión de lugares donde un psicoanalista famoso como Bauleo, un grupo de militantes de una villa, un hospital, un grupo de discusión sobre la relación Marx, Freud y la política argentina comparecían en una misma circunstancia.

Si se quisiera medir la devastación posterior, bastaría comprobar cómo actualmente se han desconectado de manera absoluta aquellos lugares, esos lugares que en sus distintas modalidades de intercambio configuraban lo que concebíamos como una situación prerrevolucionaria, y a la que pretendíamos ofrecer nuestra fidelidad.

No olvidaré nunca el primer encuentro con Bauleo, con “Armandito” como me atreví a llamarlo muchos años después, no olvidaré nunca la luz de su rostro, la espontaneidad con la que el grupo de trabajo se volvía la materia que él proyectaba con un rigor exquisito y no olvidaré nunca lo que desde el primer encuentro quedó como una impronta: su risa invicta. Su risa invicta de aquellos días gloriosos de los años 70, su risa invicta aún en el comienzo de la Dictadura, en el exilio y en su enfermedad, su risa invicta en los encuentros en Italia, en Francia, y en aquella mañana en el café Gijón donde nos encontramos con Felix Guattari para hablar del antiedipo, y de manera cómplice Bauleo y yo supimos que el relato francés, al lado de nuestra peripecia política y existencial era un cuento universitario.

En la primera ocasión que nos encontramos al finalizar la reunión con mi grupo, para mi sorpresa, me agarró del brazo y me dijo “Qué fóbico que sos, pibe”. Gracias a él supe entonces que a veces se produce la intuición fulgurante de un diagnóstico que se sostiene sólo con el instante de ver. Es cosa de sabios y Bauleo lo era, tal vez de una estirpe que el psicoanálisis no volverá a conocer. Esa fobia diagnosticada, era tan cierta que en los 40 años que he tenido el privilegio de encontrarlo, siempre lo hemos hecho por el estricto deseo de hacerlo y jamás cumpliendo con ninguna obligación contraída.

Qué fiesta era encontrarse con Armandito, con él y con Marta y comer con una fruición incomparable y matarnos de gusto, hablando hasta el fin de la noche, de nuestro legado y de interrogarnos acerca de cómo custodiar esa misteriosa herencia, permaneciendo abiertos a toda disposición con lo nuevo y lo distinto y a la vez renovando siempre el pacto eterno con nuestra causa.

No soporto no escuchar más su risa. Voy a Buenos Aires y creo que de un momento a otro la voy a volver a escuchar, esa risa que yo a veces escuchaba antes, incluso, que él llegara al encuentro. No acepto su muerte ni entiendo por qué la vida nos humilla con la muerte de un amigo del que no pude estar a su lado, despidiéndome, antes de entrar al río nocturno.

La última conversación que mantuvimos fue por teléfono. Me habló todo el tiempo él, ya instalado en el centro de su agonía. Dijo que se iniciaba para mí un nuevo tiempo donde las relaciones históricas no iban a cumplir ninguna función porque me tocaba estar solo. Nunca había ocultado la emoción delante de él y siempre me fue necesario llorar. Lo hicimos sin vergüenza, pero ese día, donde hablamos por última vez, me contuve ante el enorme dolor del mensaje cifrado.

Bauleo, sabiendo que, desde muy temprano yo había elegido otra disciplina que la suya, me trató siempre como si siguiera siendo su discípulo. Ni el encuentro con Lacan, ni el análisis en París le parecían detalles importantes. En definitiva, no le gustaban los lacanianos, pero a mí me tenía por un lacaniano que era uno de los suyos y tenía razón. Ni un solo día dejé de preocuparme por la articulación entre la experiencia subjetiva y la lógica social. Y es de esto, de lo que hemos hablado durante toda la vida, querido Armando Bauleo.

Cuántas generaciones de argentinos, españoles e italianos te debían este homenaje que ahora se hace aquí gracias a la Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalítca y a Casa de América.

JORGE ALEMÁN (Palabras leídas por Susana García)

ROSA FERNÁNDEZ MENÉS

Agradezco la invitación desde la Junta de APOP a participar en este homenaje porque me ha dado la oportunidad de pensar y recapitular sobre lo sentido y aprendido en grupo cerca de Armado, desde que comenzamos nuestra andadura profesional, allá por los ochenta y tantos. Y también porque ha hecho que me pare a pensar en la muerte de Armando Bauleo, no eludir su ausencia, e inevitablemente pensar en la muerte en general.

La muerte de Armando es un acontecimiento que me deja perpleja. Aún ahora, tras un año, me parece imposible estar hablando de él y que no pueda estar para dar su opinión. Su presencia tan vital, siempre, su corpulencia. Puedo aún ver sus ojos claros y chispeantes, con un punto de ironía. Su enorme risa, su sonrisa con matices diferentes, risa de chiste, risa de complicidad, risa de alegría por el encuentro, risa de “te he pillado”, risa de no quedar pillado o atrapado. Observando la vida como un juego, o un teatro, cuyo interés estuviera en desvelar las reglas. Parecía como ha dicho Osvaldo Saidon que, “no tenía miedo a la pérdida”, para mi algo inaudito, absolutamente excepcional. Y desde esa actitud vital alimentaba su libertad, no se casaba con nadie, incluso podríamos llegar a pensar que buscaba sentir la pérdida para salir victorioso de ella, como un gimnasta que ejercita sus músculos para que no se atrofien. Y ese ejercitar me lleva a su viajar.

Desde su muerte se ha escrito mucho sobre Bauleo y sus aportes a la Psicología Social. Una muestra para mí de gran interés es el número especial de la revista Área 3 de noviembre en homenaje a él. Allí podemos encontrar testimonio de los que le conocieron más que yo, que reflejan su permanente viajar, estar en todas partes. De nuevo surge la idea de vitalidad incansable. Pero además de estar en todas partes, me llama la atención el ir y venir permanente que marcaba el vínculo que establecía. Muy cerca cuando estaba, muy lejos cuando se iba. Una cercanía acogedora y envolvente, pero en cuyo regazo no te iba a dejar quedarte mucho tiempo. Producir comodidad no era lo que el más deseaba, sino movimiento, movimiento incesante.

Pero si antes dije que no se casaba con nadie, sin embargo si que mantuvo un vínculo ininterrumpido con Pichón Rivière, también con él marcó ese juntos o separados. Es emocionante leer ahora, tras su muerte, las alusiones que hace Bauleo tras la muerte de Pichón Rivière en la presentación en 1977 a su libro Contrainstitución y Grupos. Cuando dice “…trataba de desenmascarar permanentemente dos monstruos, el del prejuicio y el del estereotipo. Enemigo acérrimo del dogmatismos, su obsesión era la creación” estas palabras son también aplicables a Bauleo. Y el “aprender a pensar”. Estos son los grandes legados que desde Pichón Rivière nos aporta Bauleo a los que tuvimos la suerte de estudiar con él.

La interrogación como método para seguir desarrollando proyectos. Esta, junto a la idea de proceso en espiral, de revisión y cuestionamiento, eran sostenidas, como dice un amigo, con un ingrediente difícil de encontrar, con alegría. Mantenerse en la incertidumbre es posible pero a veces lleva emparejado un escepticismo empobrecedor, a veces tan inmovilista como el estereotipo. Coincido con mi amigo en que los cuestionamientos de Bauleo no tenían como objetivo derribar murallas, sino construir caminos por donde se pudiera transitar a otro espacio, a otro lugar de pensamiento. Aunque tengo que decir que a veces estos cuestionamientos los he vivido como ataques, pero posiblemente por falta de esperanza en que tras la destrucción puede venir la creación. Aquí ligo de nuevo con los viajes en la línea en que recuerda Alicia Montserrat “viajes que se hacen desandando y andando para el encuentro de lo nuevo no pensado”. Pero para “aprender a pensar” había que estar preparado para tolerar el dolor del vacío previo a la creación.

El mejor padre o madre es el que tiene la tolerancia suficiente con las dificultades de su hijo/a para adaptarse a la vida, y el amor para ayudarlo a tomar conciencia de ellas.

Para esto no se podía contar con Bauleo. Armando no quería ser padre, ni padre biológico, ni padre simbólico. Manifestó en alguna ocasión que había decidido no ser padre en su vida privada y no estaba dispuesto a ocupar ese lugar en lo profesional. Lo explicitó cuando se le intentaba adjudicar ese rol. Él no lo asumía, y en ese sentido no era tolerante con la falta de compromiso hacía el estudio y la investigación. Una de sus quejas ante sus alumnos era el sentir poco compromiso y deseo hacia el estudio e investigación sobre lo grupal. Era muy ambicioso. Siempre atento a desenmascarar y muchas veces sin pudor, desvelando el poder que ejerce la opresión de la creación. Nunca ocupando un lugar de padre contenedor – lo cual yo en su momento podría echar en falta- Bauleo evitaba ese lugar que suplía con cariños, sonrisas picaronas, humor, risas. Nunca con paternalismo. Pero si poniendo en marcha su seducción que bien conocía.

¿Qué es lo que más agradezco a Armando Bauleo?

Agradezco la transmisión de conceptos como el de verticalidad-horizontalidad, aprendidos en la propia experiencia grupal.

Ir y venir como discontinuidades que señalan los puntos desde los cuales observar de otra manera el fenómeno grupal para no quedar atrapados en el inmovilismo de toda institución. Discontinuidades que tampoco me gustaban, pero Bauleo sonreía.

Disminuir la angustia ante el espacio no lógico y casi sobrehumano de la psicosis, al sentir que podía compartir sensaciones a las que él ponía palabras y la distancia necesaria.

Pero lo que más agradezco es el despertar el interés por lo grupal, la aprenhensión de que somos seres sociables, que no podemos ser concebidos sin el otro y dentro del entramado social. Cuando comenzábamos la formación con Alicia Montserrat, Lola Lorenzo y Armando Bauleo recuerdo que una de las primeras preguntas fue qué entendíamos por grupo. Me atreví a manifestar que me parecía una rémora en el pensamiento, que el grupo infantilizaba, anulaba el pensamiento, obligaba a la renuncia de lo individual. Sabía que lo que decía no era adecuado en el contexto. Pero la imagen que recuerdo como respuesta fue una sonrisa como diciendo “has venido a este grupo y te espera todo un camino” Desde ese momento hasta hoy han pasado unos 20 años y el viaje ha sido transformador, cambió mi esquema de referencia, en el seno de varios grupos. Aprendí con ellos a aprender de la experiencia. Aprendí y aprendo de la riqueza del pensamiento grupal y de su capacidad transformadora. Pertenezco a la generación que ya estudió en la facultad en democracia y que recibimos muchos mensajes sobre el beneficio de la competencia, el logro individual para tener más y así poder prescindir del otro, sin conciencia de la necesidad de agruparse para sobrevivir. En ese caldo de cultivo el encuentro con Armando Bauleo desvelaba la mentira y hacía consciente la necesidad del otro para ser y entenderse. Y una vez introducida esta veta, nos descubría una metodología de investigación que suponía estar en cuestionamiento, no instalarse. Y cuando andábamos con esas, se nos propuso pertenecer al grupo de fundadores de la Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalítica APOP. Era una invitación atrayente, que iba a permitir abrir el grupo de formación a otros grupos y personas, algunas con más experiencia, otras que estarían por venir.

Como la canción, podríamos decir de él que era “como el chile, picante pero sabroso”.

Pero una de las grandes virtudes que siento de Armando es el saber escoger sus puntos de parada entre viaje y viaje. No me refiero a los lugares, me refiero a las personas. El iba y venía avanzando, abriendo, cuestionando, removiendo, levantando y otros estaban disponibles para sostener y recoger. El venía y se iba, y entre ida y venida, había sabido estrechar lazos sólidos con quienes iban a estar dispuesto a ligar emocionalmente, a mantener para que el movimiento fuera posible. Alicia Montserrat, Diana Sastre, Lola Lorenzo y tantos otros, una Asociación, y otros grupos y personas que entre viaje y viaje cuidaban el espacio que él dejaba y seguían aprendiendo de la experiencia.

Es una pérdida grande la de Bauleo pero nos deja una gran herencia desde sus escritos hasta el aprendizaje experiencial hecho con él. Como me decía una compañera de APOP: “Siempre para mi fue un gran maestro, un gran hombre. Eso hacía que pareciese inmortal, aunque muy humano. Se marchó viajando y me quedó toda una manera de hacer y generar pensamiento”

En ese aprendizaje comparto con compañeros que una constante en los grupos coordinados por él era su pregunta sobre “la tarea”

Ahora, los que estamos vivos y pensamos que la concepción de grupos operativos es interesante para nuestro quehacer y comprender, tenemos “una tarea”, y tendremos que ver si somos capaces de mantener y establecer vínculos de cooperación, pertenencia y pertinencia para seguir creando, evitando el estereotipo y el dogmatismo para poder seguir pensando desde la emoción y la experiencia.

Rosa Fernández Menés

CÉSAR GALÁN

En memoria de Armando Bauleo.

Quisiera agradecer la oportunidad de participar en este acto de Homenaje a la figura de nuestro maestro y amigo Armando Bauleo, en nombre del Espacio de Estudios sobre la Grupalidad, centro del que fue fundador y en el que trabajamos Armando, Alicia, Diana y un racimo muy amplio de profesionales del campo “psi” y de personas de la Creación y la Formación, durante los últimos años.

Conocimos en Madrid a Armando en los inicios de la transición democrática española (1974/76). Armando, discípulo y compañero de Pichón Riviere, José Bleger, Marie Langer…, nos trae a través de conferencias, seminarios, grupos y sesiones de encuentro, nociones y conceptos nacidos de una clínica individual, grupal, institucional y comunitaria forjada en Argentina en los 50/60, fruto del diálogo entre el psicoanálisis freudo-kleiniano y el materialismo dialéctico (marxismo). Es el compromiso de Armando, ya desde el primer momento, con las condiciones de vida de las personas y de las clases sociales desfavorecidas.

Llega, después de los golpes militares en el Cono Sur de América Latina en los 70, tras una lucha durante años por ampliar los horizontes de Salud Mental a todos los sectores sociales de la población y, tras encabezar un amplio grupo de jóvenes psiquiatras y psicoanalistas que cuestionan “la formación en la institución psicoanalítica” en el Congreso de Roma de 1.972. Plataforma y la revista Cuestionamos I y II, son el reflejo teórico de este recorrido, que nos muestran ya una constante del modo de vivir y hacer de Armando Bauleo: unir vida y pensamiento. Vivir y pensar los conflictos y contradicciones para encontrar nuevas respuestas

A su llegada a nuestro país se encuentra con un desierto cultural en el campo de la salud psíquica (manicomio) – tras 40 años de dictadura y el exilio de lo más florido de la generación republicana: A. Garma, F. Tosquelles, J de Ajuriaguerra, G. Lafora…-, pero con una generación de jóvenes estudiantes y nuevos profesionales deseosos de transformar el país, que carecen de recursos teóricos y técnicos reales y operativos, en unos momentos de gran efervescencia democrática, de cambio en lo social, a través de lo grupal. Todo, el nuevo aire que comenzaba a respirarse en el país, pasaba por los grupos.

Nacen los Ayuntamientos democráticos y, con ellos, una nueva red de servicios imprescindibles para la población en los ámbitos de la Salud, la Educación, la animación Sociocultural, la Cultura… y Armando, y sus concepciones sobre el grupo operativo, son un referente básico para estos y estas jóvenes que afrontan una tarea nueva y difícil pues hay grandes confusiones entre lo técnico y lo político, la prevención y la asistencia, la espontaneidad y la institucionalización.

Fruto de ese recorrido son experiencias como “los corredores terapéuticos” de Getafe, la publicación de varios textos de Armando de los que destacar “Ideología, Grupo y Familia” o “Contrainstitución y Grupos” y la creación de una red de equipos y prácticas grupales que irán asentándose por diferentes sitios de la geografía española.

Durante los 80 y 90 Armando se asienta en Venecia y en la Emilia Romana desde donde viaja a Madrid, Zurich, Paris…. creando, durante los 80, el C. I. R. (Centro de Investigación y Recherches) como espacio de encuentro y reflexión para psicoanalistas y grupalistas, para personas implicadas en los campos de la creación sociocultural, de América latina y del centro y sur de Europa, y trabaja codo a codo en la desmanicomialización impulsada por F. Basaglia, asentando una red pública de servicios de salud mental y comunitaria que darán lugar a una psiquiatría del sector (Francia) y del territorio (Italia), modelos de referencia para la reforma de los sistemas de salud en otros países.

De estas experiencias surgen textos imprescindibles como “Notas de psicología y psiquiatría social”, “Clínica grupal, clínica institucional” con su compañera Marta de Brassi o el inabarcable -por su riqueza y potencialidad-: “Psicoanálisis y Grupalidad. Acerca de los nuevos objetos”. Mientras afronta estas tareas, colabora en proyectos en Brasil, México, Nicaragua, Chile, Venezuela, Cuba

Es Armando Bauleo viajero, descubriendo, dialogando, poniendo en conexión culturas, experiencias y prácticas, orientadas siempre a transformar colectivamente las situaciones de malestar social, a buscar respuestas innovadoras y creativas a los problemas, otra de sus improntas.

Como el nos decía pensar hoy psicoanalíticamente es viajar, como quien asomado a la ventanilla del tren otea nuevos paisajes, es trasladarnos en múltiples sueños y ensueños que descifrar, por diferentes dominios que alimentan “otras” perspectivas.

Durante los últimos años, la última década, con un neoliberalismo en alza y una globalización en marcha, Armando regresa a trabajar a Argentina (siempre estuvo en contacto con los exiliados y creadores de América Latina), a pie de obra, con las Madres de la Plaza de Mayo, con su Universidad –la de las Madres-, con grupos de “psicóticos” en el viejo y recordado Hospital Borda o con grupos “mamut” en Córdoba y Rosario …, y lo hace también con el Colegio Argentino y otros espacios culturales de la Embajada argentina en Madrid, mientras vuelve a potenciar en nuestro país la Grupalidad con su trabajo continuado con la escuela de Cristina Rota, la creación del Espacio de Estudios sobre la Grupalidad, la constitución de la Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalítica o con su labor permanente de análisis y supervisión con personas y grupos que tienen ya con un largo recorrido en la prevención y asistencia (centro Marie Langer, Área 3.. ).

En el año 2006, el 2º Congreso sobre Actualidad del Grupo Operativo reúne a centenares de personas provenientes de multitud de países –se habla en francés, italiano y en diferentes españoles o portugueses- recogiendo la extensión y potencialidad de un modelo grupal que se expresa en un gran número de prácticas en los terrenos de la Salud, la Formación y la Creación.

Publica “Avatares de la clínica” en diálogo con la neuropsiquiatría y “Psicoanálisis Operativo”, a la par que realiza entrevistas, escribe artículos para diferentes revistas (Clínica y Análisis Grupal, Intramuros…).

En el homenaje a Pichón Riviere, realizado hace apenas un año con Luis Conde, Cristina Rota y Armando, algunos compañeros comentábamos que por mucho que estudiáramos a Pichón a través de los textos publicados por sus discípulos, Armando es nuestro Pichón R., con un recorrido, una práctica y un vivir, que va mucho más allá de quien fue su maestro.

Armando tenía sus hijos e hijas., eran las ideas y los proyectos, siempre hechas carne a través de un sin fin de personas, a las que quiso, cuidó y respetó para impulsar lo mejor que tenían de sí.

Así se despedía de nosotros Armando, desde Italia, finalizado el tratamiento intensivo, dos o tres días antes de volar (7 de Abril) a Buenos Aires a morir (19 de Abril): “César, Alicia, Diana…. Estoy en plena recuperación…. Me siento mejor. Por eso los llamo para que estén tranquilos.
Cuando me encuentre con más energía…… -los proyectos y la Asociación- y después les voy llamando poco a poco…… Cuando esté más recuperado hablaremos…. Chao queridos, hasta pronto. Chao, chao” –estas últimas palabras, chao queridos, chao, chao.. era con las que se despedía siempre, unido a un amoroso abrazo, tras aquellas inolvidables cenas donde comentábamos el trabajo mensual y los proyectos en marcha o a iniciar-.

Yo creo que, con estas palabras, no era de nosotros sólo de quien se despedía tan amorosamente. Era de todos aquellos que le conocisteis y acompañasteis, en tantos recorridos y trayectorias donde lo que se jugaba siempre era el vivir, el descubrirse y conocer todo el potencial de vida, que los grupos y las experiencias grupales nos ayudan a subjetivar.

Hemos perdido a un maestro, a un psicoanalista y en mi corazón a un amigo insustituible.

Querido Armando, gracias por habernos permitido aprender a tu lado, disfrutar e tu amistad, inteligencia, alegría, de tu inagotable sabiduría y de tu permanente disponibilidad de acoger con tanta calidad afectiva.

Gracias, Armando. Hasta siempre.

CÉSAR GALÁN

ALICIA MONSERRAT

Colegas, amigos:

Estas ideas que he escrito y que voy a trasmitir, han sido consensuadas con mis colegas del grupo de didáctas de APOP, constituido por Nicolás Espiro, Lola Lorenzo, y yo misma.

Hace un año de la desaparición de Armando Bauleo. Y para todos nosotros, los de APOP, este suceso, nos ha sumergido en una intensa elaboración de tan significada pérdida; desde entonces, la atmósfera de dolor e incertidumbre que nos cubría se ha ido transformando y hoy comenzamos, sin dejar de sentir su ausencia, a asumir nuestra orfandad con este cálido y reconfortante, acto de homenaje que implica reencontrarnos con la memoria de nuestro más apreciado colega y sobre todo nuestro maestro, sin lugar a duda, referente fundamental de nuestra institución.

Acompañados y sostenidos también por todos vosotros, que estáis presentes, discípulos, pacientes, amigos, grupalistas, institucionalistas psicoanalistas, trabajadores de la salud… más todos aquellos que habitan en la extensa geografía, Americana y Europea, lugares también sembrados con sus ideas y afectos, de nuestro común maestro, y porque no, también hemos convocado a las presencias fantasmaticas, como a él tanto le gustaba mencionar cuando se refería a las redes vinculares…

Desde nuestra función como didactas queremos transmitir que guardamos una imagen optimista pero realista que nos gustaría compartir con vosotros en este día de su homenaje, a través de sus ideas.

Intentaremos recordarlo desde la óptica de su compromiso institucional en APOP, (fue co-mentor, fundador, de APOP, 17-10-1997, miembro de la junta directiva, como vocal de la misma, en sus inicios y sobretodo fue más que dídacta, fue un colega excepcional, exigente y al mismo tiempo generoso), en suma su labor incansable, fue trasmitirnos la concepción operativa de la grupalidad, y de su insistencia en que estas ideas debían llegar a ser consustanciales a nuestro ECRO (esquema conceptual referencial operativo).

Si hacemos un relato del anclaje y el recorrido de la concepción operativa de grupos –en estas latitudes y en estas últimas décadas– podemos decir que Armando Bauleo fue quien más se dedicó a posicionarnos en esta concepción con una frescura y una profundidad inigualables. Diríamos que Bauleo creó escuela, desde la perspectiva de operativizar el psicoanálisis con los dispositivos grupales, subrayando la dimensión de transformación continua, aunque seguramente esto lo pluralizaba en un “nosotros”, sin reconocerse como el generador de ideas indiscutibles y diferenciadas de un planteamiento grupalista “complejo”.

Nos arriesgamos a decir que su trayectoria en nuestro medio, tuvo al menos dos momentos, el primero con una acogida receptiva de lo grupal, en el contexto del inicio del exilio argentino en España, y el segundo –ya más estabilizado en su andadura ibérica – europea, que correspondería al del triángulo “experiencia / reflexión / y sus diversas producciones escritas. Nuestra asociación APOP, surge precisamente en este último período. Armando, como su mismo nombre lo sugiere, estaba siempre dispuesto a “armar” es decir a construir, a organizar, en suma a crear, para dar continuidad a los proyectos grupales de formación. Por eso él decía –y esto es casi un leit-motiv en su trayectoria– que “para facilitar redes y vincular las experiencias clínicas institucionales con pensamientos asentados en las nuevas coyunturas de la Europa que se nos presentaba, era necesario con-formarse, pero no sucumbir a nuestra ideología de adaptación activa a la realidad”.

Con su discurso sencillo, próximo, casi campechano, en especial el hablado, logró una profundidad elocuente, generosa y justa hacia los maestros. Siempre nos recordaba que lo de “psicoanálisis operativo” se lo debemos a José Bleger, momentos de nuestros inicios para nominar nuestra institución, Asociación de psicoterapia operativa psicoanalítica, mientras el legado teórico de Pichón-Rivìere, grupo operativo, asomaba cuando nos incitaba a tratar las reflexiones hechas en la sobredeterminación de las experiencias.

Insistía en atender los tiempos diversos de la experiencia y la reflexión, pero decía que es necesario articular ese binomio con el sostenimiento de un grupo de pertenencia, que compone ese tercer elemento del triángulo, para que el coordinador de grupo no se refleje en ideas especulares.

Que la mera experiencia con el espacio-tiempo está englobada por procedimientos más o menos formales, y en los cuales ocupamos roles determinados y también en parte inesperados: encuadramos. Es decir trabajamos psíquica y físicamente en un lugar y hora fijados, sobre una cuestión más o menos enmarcada, en un espacio dado, durante un tiempo. Este es el abc de nuestra práctica, pero no es fácil incorporarla, metabolizarla es decir interiorizarla en nuestro quehacer profesional.

Por eso Bauleo ponía énfasis en la “cuestión a tratar”, en la espiral dialéctica manifiesto-latente, en esa reunión, sesión o situación en la que nos encontramos; el “espacio”, el “tiempo” posibilitarán conjugar lo vincular en el “nosotros” y la búsqueda de significación. Todos presentimos algo sobre eso que estamos haciendo, pero será sólo cuando finalice la tarea cuando podremos darle uno o más sentidos que correspondan a esa experiencia o vivencia vinculada.

Por eso Bauleo insistía en que cuando reflexionamos sobre lo que aconteció allí emergen los rastros, la huellas de esa circunstancia pasada. Es así que surge la rememoración como pasaje para la resignificación.

Se trata de buscar perspectivas nuevas de la experiencia realizada, pues es imposible conservarla tal cual se nos presentó, la pueblan fantasías diversas con el plus de los fantasmas de nuestras historias inconscientes familiares particulares que nos acompañan.

Aquí, sin duda, no podemos dejar de mencionar al Armando Bauleo del libro Ideología, grupo y familia, donderescata, desde la perspectiva grupal, a un Freud que en los historiales clínicos anuncia a la familia (grupo interno, matriz de lo psíquico), como “lugar” donde se juega la fantasía sexual que cada sujeto tiene en el marco de esos vínculos familiares. Allí se han anclado los deseos que fijan al sujeto en síntomas reproductores de vinculaciones.

Y por último, aunque no es precisamente lo último, más bien es lo primordial, está el compromiso social que nos enmarca la tarea. Es decir: ¿cómo y para qué realizo esta tarea en este contexto social?

Siguiendo el pensamiento de Bauleo, aunque dicho de otra manera, hay que considerar que las instituciones y comunidades no se encuentran solamente por fuera de nosotros, o a nuestro alrededor, sino que ellas también organizan la subjetividad vinculada que prima y en la cual estamos sumergidos. Así es parte de nuestra posición técnica o profesional y por tanto debemos realizar con frecuencia un autoanálisis de nuestra implicación atravesada por lo vincular, de nuestro lugar en los diferentes estamentos de la labor que realizamos.

Por tanto, remarcaríamos que Bauleo fue claro en que lo precedente incluye contextualizar las determinaciones socioeconómicas que condicionan nuestra labor cotidiana. Si no nos ocupamos de la elaboración de la complejidad de nuestro accionar, nuestra tarea tenderá a un mecanicismo repetitivo aliado a la resistencia al cambio que imposibilitará modificar las causas determinantes.

Con todos estos argumentos hemos querido subrayar que nuestro más prestigioso colega, Armando Bauleo, ha enriquecido y aportado al psicoanálisis operativo una gran reflexión-interpretación de la lectura freudiana, recreada desde la praxis grupal.

Colegas, amigos, pacientes, grupalistas, de aquí y los colegas que habitan en otras geografía: contamos entonces con su valioso pensamiento sobre la tarea grupal, tan vivo y cercano al lenguaje poético. Sus intuiciones privilegiadas sobre la potencial tarea de la multiplicidad –producto de una lúcida mente clínica– sin duda permanecerán de mil maneras en cada uno de nosotros con la impronta de su original existencia.

A nuestro querido maestro: la tristeza obligada incluye la alegría de haber contado con él en tantos proyectos y especialmente forjando conjuntamente el proyecto de APOP con todas las dificultades, pero también con su brillante tozudez, orientada siempre a reactivar la alternativa al cambio.

Nos parece que el mejor homenaje que podemos hacerle es sostener la lucha por el bienestar del ser humano, en general, con la especificidad en el campo psíquico – inconsciente, planteando una posición ética de compromiso con ello y, sobre todo sostener los proyectos es sostener la construcción, la trasformación de realidades, seguramente de esa manera no decepcionaremos su memoria y seguiremos avanzando en su pensamiento, no desprovisto de emoción.

Con sus propias palabras: “Como vamos observando, el trabajo de trasformación del modelo de APOP, (lo hacemos extensivos a otras instituciones y campos), es arduo, pero no por ello menos atrayente. Son necesarios tiempo, ritmo y lucha para superar las múltiples complejidades que se nos presentan,…… muchas de ellas fantasmales y no olvidemos que una temporalidad autentica privilegia el futuro a través de los proyectos”.

Para finalizar, brevemente tomo prestados…. un par de fragmentos del poema dedicado a A. Bauleo, de su discípulo, Juan Antonio Arroyo Díaz, de fecha del día 23 de abril de 2008:

VIDA JUNTO AL PUERTO

¿Qué se quedó del día en tantas olas?
El recuerdo fugaz de tu sonrisa
Que circula entre peces y burbujas
Que todavía ríe.
………
Por fin hay un destino imaginado……
Por las sendas del mar itinerante
Que llenan de alegría
Los bancos de colores
En las profundidades.

Gracias.

Alicia Monserrat, Miembro didacta de APOP.
Madrid, Abril 2009

Gran parte de las ideas de este escrito fueron la comunicación que leí, en el homenaje a A: Bauleo, que APOP, organizó, solo para sus miembros, en Madrid, Mayo del 2008.

FEDERICO SUÁREZ

Este año transcurrido desde el fallecimiento de Armando me resulta un lapso de tiempo un tanto extraño, porque no sabría decir si es mucho o poco tiempo. Sé que no me ha resultado fácil sentarme un rato a pensar mi participación en este homenaje, ya que no me es muy claro a qué distancia me puedo colocar de su figura. Por momentos, me vienen a la mente recuerdos dolorosos.

El día que falleció me encontraba en Rimini, trabajando un grupo de formación con Leonardo Montecchi. Yo di la información y Leonardo coordinaba el grupo. Hablé sobre la tarea, expliqué que no hay grupo sin tarea, ni tarea sin duelo. Paseaba por la ciudad mientras esperaba la finalización del grupo para reunirme de nuevo con Leonardo, cuando Loredana me llamó para informarme del fallecimiento de Armando. Regresé y esperé a que terminara la sesión del grupo. Imaginaba que me tocaba comunicar la noticia. Pero nada más ver la cara de Leonardo supe que ya lo sabían. La noticia “entró” en el grupo: una integrante no había apagado su teléfono móvil. Sonó. Respondió. Así lo supieron.

Ese mismo grupo era coordinado por Armando habitualmente; y así fue hasta el final, porque Leonardo me contaba que incluso los últimos meses, que Armando pasó ingresado en un pequeño hospital del norte de Italia, el grupo se desplazaba hasta allí para trabajar con él. Los recibía en el hospital. “Armando se encontraba débil, pero con el transcurrir de la sesión se iba recuperando, y al final se lo veía lúcido y más fuerte. Era como si el grupo le diese vida”, me decía Leonardo.

Pero junto a estos recuerdos, tristes, en torno a su pérdida, a su ausencia, también emergen otros planos, otras circunstancias de su vida: pienso en lo que representó su figura para nosotros, quienes lo conocimos y nos formamos con él, en España, Italia… en Europa, y en su trayectoria científica, teórica; y cada vez se va configurando más nítidamente la figura del maestro como un científico, un investigador de lo social comprometido con lo que estudiaba, y con el que tuvimos el privilegio de formarnos y compartir muchas cosas.

Lo conocimos cuando llegó a España, exiliado, en 1976. No era éste un momento cualquiera para nosotros: recién terminada la carrera; el general Franco recién muerto; pleno proceso de transición política hacia un modelo de mayores libertades formales, tras cuarenta años de férrea dictadura.

1 Participación en el Homenaje a Armando Bauleo, en el primer aniversario de su muerte, organizado en Madrid por la Asociación de Psicoterapia Operativa.
Psicoanalítica –APOP2
La psicología no existía apenas, no tenía ninguna presencia en la sociedad, todo estaba por hacer. La asistencia pública en salud mental se basaba, de una parte en las consultas ambulatorias de neuropsiquiatría, donde prácticamente solo se facilitaban fármacos, y, de otra parte, en la asistencia manicomial. Modelo heredado del franquismo, del que algunos psiquiatras trataban de desprenderse. Y, la verdad, no era poco lo que había que sacudirse de encima, no olvidemos que la psiquiatría española durante el franquismo estuvo en manos de personajes como el psiquiatra coronel Antonio Vallejo Nágera, quien, permitidme este breve paréntesis, puso en marcha el llamado Gabinete de Investigaciones Psicológicas, autorizado por Franco en agosto de 1938, en torno a dos líneas de investigación: una, “la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política”, y la otra sobre “la perversidad de los regímenes democráticos”.

Entonces, en este contexto, en ese desierto intelectual, que salvo honrosas excepciones (personales e institucionales) caracterizaba nuestro campo de trabajo, y con esos deseos de transformación y cambio por parte de muchos profesionales o aspirantes a serlo, empieza a llegar el exilio argentino, Bauleo entre ellos, que traen aire fresco, que nos transmiten otras experiencias, nos enseñan otros modelos teóricos y nos conectan con otros procesos de cambio, con otros movimientos, como la antipsiquiatría, que se estaban desarrollando en diversos lugares del mundo. Rosa Gómez recuerda, en su necrológica sobre Armando publicada en la revista de la AEN, que fue él quien organizó el primer viaje profesional de Basaglia a Madrid.

De manera que la figura de Armando Bauleo está unida, en nuestra historia profesional, personal y social, a un momento de ruptura con lo establecido, de búsqueda de otros referentes teóricos y prácticos y de nuestra participación en unos procesos de cambio que en aquellos momentos empezaban a ser posibles, que empezábamos a hacer posibles.

Después, durante todos estos años transcurridos, hasta el final de su vida, Armando ha seguido enseñando, acompañando, participando, siempre con entusiasmo, en las múltiples experiencias por las que nuestros diversos caminos profesionales nos han llevado. Armando ha sido maestro de una generación de profesionales, una referencia, un estímulo y un valiosísimo apoyo siempre para nosotros, ante cualquier proyecto de innovación, de cambio, de transformación en el que nos hubiéramos embarcado.

Bauleo nos enseñó el pensamiento de Enrique Pichon-Rivière. Lo hizo así por diversos lugares del mundo, pero es justo reconocer que en Europa ha sido el mayor difusor de sus ideas. Pero no fue Armando solamente un transmisor del pensamiento de su maestro, sino que su compromiso fundamental era con el desarrollo del legado pichoneano. uchas veces le hemos oído decir que la concepción de Pichón de los “Grupos Operativos” abría el campo disciplinario de una psicología social cuyo objeto de estudio sería el grupo; y en desarrollar esta perspectiva en toda su extensión volcaba sus esfuerzos.

Creo que en esta línea es como hay que entender su propuesta de creación, en 1981, del Centro Internacional de Investigación en Psicología Social y Grupal. Como ya he dicho en alguna ocasión, creo que el Centro fue una apuesta muy fuerte, muy importante para Armando y el único intento que ha realizado en este sentido.

El Centro articuló durante sus once años de existencia, a un buen número de profesionales (llegamos a participar en él unas 170 personas) de diversos países europeos y americanos (doce países en conjunto). La propuesta del Centro era la investigación, en torno a lo que Armando llamó en el acto fundacional “Concepción Operativa de Grupo” (aquí aparece por primera vez esta denominación), así como la delimitación de nuevas áreas teóricas y prácticas, que constituirían una Psicología Social clínica y crítica con los discursos hegemónicos.

Entonces, Armando quiso, a través del Centro Internacional, organizar la Concepción Operativa de Grupo como una tendencia teórica dentro del pensamiento grupal y de la Psicología Social.

Este esfuerzo por la teorización, por pensar las prácticas extrayendo de ellas nociones, ideas… con las que ir construyendo conceptos es algo muy evidente en su producción escrita. Producción escrita, por cierto, bien amplia. Ahí tenemos, todavía inconcluso en las páginas de nuestra web, un archivo con el listado cronológico de sus publicaciones (cinco libros de autor, al menos otros cinco en colaboración, otras tantas compilaciones propias, infinidad de artículos dispersos en libros y revistas de medio mundo).

Pero no solo en sus escritos. Porque yo recuerdo siempre a Armando en los seminarios de formación que ha dictado, muy exigente con el nivel teórico, siempre estimulando al estudio y a mantener un nivel alto de conceptualización. Armando decía muchas veces que en Pichón hay muchas cosas dichas, indicadas, pero que es necesario desarrollarlas. Una vez (esto ocurrió en 1987), en un seminario sobre la Teoría del Vínculo, insistiendo en esta necesidad de desarrollo de las ideas pichoneanas, las comparó, las ideas de Pichon, con las setas chinas. Nos contó que había comprado unas setas chinas y le dieron una cajita pequeña y, de entrada, le pareció que aquello era poco y que necesitaría cuatro o cinco cajitas como aquella. El vendedor le dijo que primero las pusiera en agua y luego las cociera. Ya en el agua, nos contaba riendo, las setas engordaron algo, pero luego en la cazuela crecían y crecían… al punto que aquella cajita dio para preparar dos cazuelas de comida en lugar de una. Además, las setas chinas no se comen solas, nos dijo, sino que son “soporte” de los platos que se preparan con ellas: arroz, pollo…

Así, entre risas, nos permitió entrar en su cocina y entrever cómo preparaba los platos. Engordar las “setas” de Pichón era profundizar su estudio, es decir, su comprensión teórica, repensar los conceptos, desarrollarlos en todas sus implicaciones. Y relacionar con ellas otros conceptos traídos de otros lados -otros autores, otros campos- que pudieran ser pertinentes para la construcción del guiso buscado, de creación propia.

Este trabajo de “cocina” me parece muy evidente en los trabajos escritos de Armando, plagados de autores de los que rescata ideas, tomando conceptos o nociones de aquí y de allá, buscando en ellos tanto una fundamentación para la temática que expone, como una perspectiva novedosa de aquellos planteamientos que trata de relacionar con la problemática que le interesa estudiar en esos momentos.

En relación al pensamiento de Pichón, Armando siempre ha mostrado su temor ante la vulgarización o banalización del mismo. Dejando de lado ciertos usos o aplicaciones de las ideas pichoneanas que hacen algunos y que se quedan en la superficie de los problemas, nos decía muchas veces que del texto, de la lectura de ciertas ideas o conceptos de Pichón podía desprenderse la falsa impresión de que aquello era “sencillo”, “simple”, como si facilitase una rápida compresión de las cosas, cuando en realidad esos conceptos encubrían una gran complejidad. Complejidad que viene dada por el propio objeto de estudio: “Dentro de nuestra concepción, la Psicología Social se ocupa de situaciones de alta complejidad…” escribía Armando para la conferencia inaugural del Congreso Internacional “Actualidad del Grupo Operativo” que organizamos en Madrid, en febrero de 2006.

Los textos de Armando, su obra escrita, descriptivamente, desarrolla temáticas diversas que vienen dadas por las prácticas en las que está involucrado, en torno a lo grupal, lógicamente, pero también en torno a la institución, al trabajo en equipo, al ámbito comunitario, a la supervisión, etc. No me parece que se pueda decir de ellos que son “sencillos”. Los textos de Bauleo no son de lectura fácil, y el trabajo de “engordarlos” requiere primero, en todo caso, la capacidad de comprender cómo se fueron articulando en su cabeza todos aquellos trozos que reúne, cuál fue la lógica que encontró su original pensamiento para ponerlos en relación.

Vista su obra en conjunto, en todos los textos, atravesándolos, laten hilos conductores cuya observación nos mostraría el recorrido, la evolución intelectual del maestro. Un primer paso en este tipo de lectura de su obra es el trabajo de Marta de Brasi y Carlos Fumagalli para el Número especial de Área 3, homenaje a Bauleo, que editamos en octubre pasado, y que quiero mencionar aquí hoy porque me parece especialmente valioso. Supongo que en esta línea se situará también el trabajo que sobre la obra de Bauleo prepara Thomas von Salis, ponencia que será presentada en el congreso “Psicoanálisis y Psicología Social” que tendrá lugar en Suiza en agosto próximo.

La otra cuestión a la quiero referirme hoy, aparece también mencionada en esa misma conferencia inaugural de la que hablé hace un momento. Escribía Armando: “Desde hace bastante tiempo observamos esa gran difusión que adquirió el Grupo Operativo, pero ella no puede ser confundida con un aumento de la densidad conceptual y práctica que hoy debería haber enriquecido nuestra concepción. Nos hallamos con una enorme disparidad entre aquella difusión y el magro engrandecimiento del conjunto nocional”.

No era la primera vez que Armando hacía este señalamiento, o denunciaba la falta de elaboración teórica o el bajo nivel de la misma. Catorce años antes, en 1992, cuando solicitaba la disolución de Centro Internacional de Investigación en Psicología Social y Grupal, argumentaba, entre otras cosas, esto mismo: “… en general la línea de elaboración está paralizada”. La reiteración de esta carencia o dificultad para la elaboración teórica muestra bien por donde andaba su preocupación.

No utilizo el texto de la conferencia inaugural del Congreso de 2006 por casualidad. Lo tomo como referencia para señalar estas cosas ya que ha sido visto por algunas personas como un “testamento” del maestro. Thomas von Salis lo entiende así en su texto que se incluye en el Número especial de homenaje a Bauleo que mencioné antes. A mí también me parece éste un texto importante de Armando. En él, Armando selecciona tres temas para pensar la cuestión de la actualidad del Grupo Operativo: “La idea de tarea, la comprensión del latente (en sus dos versiones, la transmisión y su captación) y la apreciación de la noción de emergente”. Hasta ahí nos lleva la estela del maestro, y nos deja una indicación de por donde sería necesario continuar el trabajo.

Su legado es de trabajo, de aplicar los conceptos, de pensar las prácticas, de revisar de nuevo los conceptos en base a lo que ellas nos enseñan. Los que estamos dispuestos a seguir sus enseñanzas tenemos por dónde continuar. Esperemos al menos que, cada tanto, nos podamos encontrar para contarnos lo que estamos haciendo.

Muchas gracias.

Federico Suárez
22 de abril de 2009