Queridos compañeros de APOP:

Desde la Junta hemos estado organizando

Un encuentro para la despedida del Maestro Armando Bauleo.

Será el día 24 de Mayo de 2008 en el Centro de arte moderno, C/Gobernador, 25- esquina San Pedro (Barrio de las Letras) de 19h. a 21h.

Accesos en metro: Atocha y Antón Martín.
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Un abrazo,
La Junta.

P.D. Barrio donde se dio la mayor y más fructífera concentración de escritores, la del arte más importante y la fusión del Siglo de Oro con la vanguardia artística y creativa de Madrid.

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PALABRAS PARA ARMANDO…

Colegas, amigos:

Guardo una imagen optimista pero realista de Armando Bauleo que me gustaría compartir con vosotros en este día tan irremediablemente desértico sin su presencia…

Intentaré recordarlo desde la óptica de su compromiso institucional en APOP, de su labor incansable para trasmitirnos la concepción operativa de la grupalidad, y de su insistencia en que estas ideas debían llegar a ser consustanciales a nuestro ECRO (esquema conceptual referencial operativo).

Si hacemos un relato del anclaje y el recorrido de la concepción operativa de grupos –en estas latitudes y en estas últimas décadas– podemos decir que Armando Bauleo fue quien más se dedicó a posicionarnos en esta concepción con una frescura y una profundidad inigualables. Diría que Bauleo creó escuela, desde la perspectiva de operativizar el psicoanálisis con los dispositivos grupales, subrayando la dimensión transformación continua, aunque seguramente esto lo pluralizaba en un “nosotros”, sin reconocerse como el generador de ideas indiscutibles y diferenciadas de un planteamiento grupalista “complejo”.

Me arriesgaría a decir que su trayectoria en nuestro medio tuvo al menos dos momentos, el primero con una acogida receptiva de lo grupal, en el contexto del inicio del exilio argentino en España, y el segundo –ya más estabilizada en su andadura ibérica–, que correspondería al del triángulo “experiencia / reflexión / y sus diversas producciones escritas. Nuestra asociación APOP, surge precisamente en este último período. Armando, como su mismo nombre lo sugiere, estaba siempre dispuesto a “armar” es decir a construir, a organizar, en suma a crear, para dar continuidad a los proyectos grupales de formación. Por eso él decía –y esto es casi un leit-motiv en su trayectoria– que “para facilitar redes y vincular las experiencias clínicas institucionales con pensamientos asentados en las nuevas coyunturas de la nueva Europa era necesario con-formarse, pero no sucumbir a nuestra ideología de adaptación activa a la realidad”.

Con su discurso sencillo, próximo, casi campechano, en especial el hablado, logró una profundidad elocuente, generosa y justa hacia los maestros. Siempre nos recordaba que lo de “psicoanálisis operativo” se lo debemos a José Bleger, mientras el legado teórico de Pichón-Rivìere asomaba cuando nos incitaba a tratar las reflexiones hechas en la sobredeterminación de las experiencias.

Insistía en atender los tiempos diversos de la experiencia y la reflexión, pero decía que es necesario articular ese binomio con el sostenimiento de un grupo de pertenencia, que compone ese tercer elemento del triángulo, para que el coordinador de grupo no se refleje en ideas especulares.

Y que la mera experiencia con el espacio-tiempo está englobada por procedimientos más o menos formales, y en los cuales ocupamos roles determinados y también en parte inesperados: encuadramos. Es decir trabajamos psíquica y físicamente en un lugar y hora fijados, sobre una cuestión más o menos enmarcada, en un espacio dado, durante un tiempo. Este es el abc de nuestra práctica, pero no es fácil incorporarla, metabolizarla es decir interiorizarla en nuestro quehacer profesional.

Por eso Bauleo ponía énfasis en la “cuestión a tratar”, en la espiral dialéctica manifiesto-latente, en esa reunión, sesión o situación en la que nos encontramos; el “espacio”, el “tiempo” posibilitarán conjugar lo vincular en el “nosotros” y la búsqueda de significación. Todos presentimos algo sobre eso que estamos haciendo, pero será sólo cuando finalice la tarea cuando podremos darle uno o más sentidos que correspondan a esa experiencia o vivencia vinculada.

Por eso Bauleo insistía en que cuando reflexionamos sobre lo que aconteció allí emergen los rastros, la huellas de esa circunstancia pasada. Es así que surge la rememoración como pasaje para la resignificación.

Se trata de buscar perspectivas nuevas de la experiencia realizada, pues es imposible conservarla tal cual se nos presentó, la pueblan fantasías diversas con el plus de los fantasmas de nuestras historias familiares particulares que nos acompañan.

Aquí, sin duda, no podemos dejar de mencionar al Armando Bauleo del libro Ideología, grupo y familia, donderescata, desde la perspectiva grupal, a un Freud que en los historiales clínicos anuncia a la familia (grupo interno, matriz de lo psíquico), como “lugar” donde se juega la fantasía sexual que cada sujeto tiene en el marco de esos vínculos familiares. Allí se han anclado los deseos que fijan al sujeto en síntomas reproductores de vinculaciones.

Y por último, aunque no es precisamente lo último, más bien es lo primordial, está el compromiso social que nos enmarca la tarea. Es decir: ¿cómo y para qué realizo esta tarea en este contexto social?

Siguiendo el pensamiento de Bauleo, aunque dicho de otra manera, hay que considerar que las instituciones y comunidades no se encuentran solamente por fuera de nosotros, o a nuestro alrededor, sino que ellas también organizan la subjetividad vinculada que prima y en la cual estamos sumergidos. Así es parte de nuestra posición técnica o profesional y por tanto debemos realizar con frecuencia un autoanálisis de nuestra implicación atravesada por lo vincular, de nuestro lugar en los diferentes estamentos de la labor que realizamos.

Por tanto, remarcaría que Bauleo fue claro en que lo precedente incluye contextualizar las determinaciones socioeconómicas que condicionan nuestra labor cotidiana. Si no nos ocupamos de la elaboración de la complejidad de nuestro accionar, nuestra tarea tenderá a un mecanicismo repetitivo aliado a la resistencia al cambio que imposibilitará modificar las causas determinantes.

Con todos estos argumentos he querido subrayar que nuestro más prestigioso colega, Armando Bauleo, ha enriquecido y aportado al psicoanálisis operativo una gran reflexión-interpretación de la lectura freudiana, recreada desde la praxis grupal.

Colegas, amigos: contamos entonces con su valioso pensamiento sobre la tarea grupal, tan vivo y cercano al lenguaje poético. Sus intuiciones privilegiadas sobre la potencial tarea de la multiplicidad –producto de una lúcida mente clínica– sin duda permanecerán de mil maneras en cada uno de nosotros con la impronta de su original existencia.

Querido maestro: la tristeza obligada incluye la alegría de haber contado contigo en tantos proyectos y especialmente aquí, forjando conjuntamente el proyecto de APOP con todas sus dificultades, pero también con tu brillante tozudez orientada siempre a reactivar la alternativa al cambio.

Esperamos no decepcionar tu memoria y seguir avanzando en tu pensamiento, no desprovisto de emoción. Gracias.

Alicia Monserrat